Juan Rulfo construye su historia a partir de varios componentes que finalmente le dan un sentido único. Más allá de lo sencilla que pueda resultar su lectura a primera vista, detrás de cada elemento dispuesto por el escritor se encuentra un significado que termina de redondear el relato.La narración, que comienza in media res, permite a Rulfo administrar la información con la intención de conservar el dramatismo durante todo el cuento. Además es su decisión incluir pequeños detalles que revelan hechos más amplios y dicientes.
Así, los conceptos detrás de los nombres de los personajes (Juvencio Nava: Joven y/o tierra o novillo, Justino: Pequeño justo, por ejemplo) y las conexiones que establece Rulfo entre ellos terminan construyendo un sentido de causa-efecto que sólo aparece claro hasta el final.
Esta relación salta a la vista, por ejemplo, con la muerte de Juvencio. Mató un hombre y tiene que pagarlo con su vida. Su suerte lo persiguió durante 40 años hasta encontrarlo cuando Juvencio ya no lo esperaba. Crimen y venganza. Comienzo y final.
Un aspecto que resulta interesante es el contraste de emociones que puede experimentar el lector al conectarse con la situación de Juvencio Nava. Por un lado, cuando recién inicia el texto, aparece Juvencio como un personaje suplicante e indefenso hacia el que se siente cierta empatía o compasión. No es nada más que un viejo que ruega por conservar su vida.
Sin embargo, a medida que avanza el relato y se develan las razones por las cuales Juvencio es un hombre perseguido, se enfrentan ese sentimiento de piedad con la siempre perseguida necesidad de justicia. Además se descubren rasgos de personalidad congruentes con los de una persona egoísta y cobarde, como cuando Juvencio pone el futuro de la esposa y los hijos de su hijo Justino en manos de La Providencia o indica que era preciso matar a Guadalupe Terreros por no permitir el paso a sus animales y haber matado a su novillo.
El lector entonces se encuentra en una encrucijada: afiliarse a la causa de Juvencio o a la del coronel, el hijo de Guadalupe, quien sólo busca justicia.
De aquí resulta que la construcción del personaje protagonista sea una filigrana elaborada e intrincada que se revela a través de pequeñas dosis de información. De manera fugaz, las características más profundas aparecen escondidas entre líneas.
Juvencio Nava es un hombre que se aferra a la idea de la vida eterna. Guarda la esperanza aún siendo viejo y se aferra a ella de modo egoísta. Pero esa sacralización de la vida sólo es compatible con la suya misma, que resguarda con recelo y miedo. Para Juvencio poco valió la vida de Guadalupe Terreros, tan poco que pensó poder exculpar sus actos con dinero y tierras. Tampoco consideró el riesgo que corría su hijo al enviarlo a hablar con sus asesinos. Su relación con los demás está mediada sólo por sus propios intereses.
De sus obras malintencionadas resultó que su vida se convirtiera en una eterna huída sin descanso y paz. Desde el momento en que asesinó violentamente a Guadalupe, Juvencio inició un ciclo que debía finalizar con su muerte. Él lo sabe y por eso huye, pasa 40 años escondiéndose no sólo de sus perseguidores, de los fuereños, sino también de la culpa.
Pasa años escapando para encontrarse con que después de tantos años recibiría la muerte de quien no esperaba, el hijo de Guadalupe, quien lo buscase durante años para reclamar su vida.
Juan Rulfo propone casi que un juego al lector desde la narración y los significados depositados en los detalles. Dispone la información de manera que se invite al lector a investigar los campos profundos del relato y a develar por sus propios medios la intención real detrás de la historia de Juvencio Nava.

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